El
enunciado vivo, habiendo tomado significado y forma en un momento
histórico particular dentro de un medio social específico, no puede
dejar de pasarle el cepillo a contrapelo de miles de hebras dialógicas
vivas, tejidas por la conciencia socio-ideológica en torno al objeto del enunciado; no puede dejar de ser un partícipe activo en el diálogo social.
Después de todo, el enunciado surge desde este diálogo como su continuación y su contestación.